Contesten ustedes lo que quieran; yo interpretaré lo que realmente quieren decir

Fuente: Diario AraInfo

El plan de participación pública al que instó el Gobierno de Navarra, lejos de ayudar a las poblaciones afectadas a conocer el proyecto, y decidir sobre el mismo, ha resultado ser una operación de marketing orquestada desde Geoalcali, la empresa que proyecta la apertura de Mina Muga

Durante los días 8 y 9 de junio, Dédalo Projects, la empresa contratada por Geoalcali ha empezado a publicitar los satisfactorios resultados de su encuesta. Considerando, como se trató en las charlas de Sos y Sangüesa los días 7 y 8 de junio, que una encuesta no es un plan de participación y que aún siendo una buena herramienta, no puede articularse como única parte sustantiva de un proceso de participación activo, detallaremos las conclusiones que nos alarmaron a algunos asistentes. Todo, amparado en lo que la empresa podría definir como el rigor estadístico de los datos que elijo, y que no sirvieron para contestar a muchos de los asistentes  a las charlas de presentación de resultados.

La metodología de Dédalo Projects, accesible en la web de Geolcali (web), se inicia dando por sentado que la información a la ciudadanía ya estaba hecha antes de acometer su labor encuestadora. Y considera información solvente (o neutral), la aportada por Geoalcali durante sus visitas publicitarias por los pueblos y que, además, ante las dudas, toda la ciudadanía pudo contrastar la información durante el pasado mes de agosto, en el que cuando el calor invita, todos los vecinos de las poblaciones afectadas por Mina Muga se sentaron largas horas a leer las 6000 páginas del proyecto.

Uno podría preguntarse qué es lo que la gente conoce del proyecto. Y en consonancia, un representante de la Plataforma No a las Minas de Potasa interrogaba desde el público si, en los supuestos de los que parte la encuesta, no se estaba hablando de un proyecto fantasma fabricado sobre el espejismo de los intereses de desinformación de la empresa. Téngase en cuenta que el proyecto “Mina Muga” en ningún momento se refiere a 800 trabajadores o a una explotación de 47 años, tal y como el manual de Dédalo Projects recoge. ¿Hablamos, pues, de “Mina Muga”? ¿O hablamos más bien de lo que Geoalcali dice que es “Mina Muga”, pero siempre de boquilla, puesto que no lo sustenta en la documentación que somete a solicitud oficial ante el ministerio? ¿Y qué decir de la consultora, que encargada de descifrar la opinión del público, da pie ella misma a la difusión de unas cifras que no gozan de fundamento alguno? ¿No colocan estos hechos a Dédalo en una posición de complicidad con Geoalcali?

La contestación de Dédalo a cómo había determinado el grado de información que tiene la ciudadanía sobre el megaproyecto minero fue clara y contundente: no les hemos preguntado. La (re)pregunta entonces era evidente: ¿y cómo se sabe si la gente conoce el proyecto y no –en cambio– lo que dicen que dice el proyecto, o lo que dice la prensa (o incluso la empresa) sobre el mismo? La confusión al respecto no puede ser más elocuente. A tenor de lo escuchado en la sala, se cuestionó si era válido decir que se está informado cuando, por ejemplo, se ha oído en el bar una conversación acerca de una mina y sus puestos de trabajo. La respuesta de la consultora fue, de nuevo, que no entraban a evaluar el grado de conocimiento sino tan sólo si los encuestados, por sí mismos, consideraban si conocían el proyecto. Al insistir en ello, la explicación fue de esta guisa: que si alguien aseguraba conocerlo, su respuesta se incorporaba como tal y sin más en la toma de datos.

La encuesta concluye que un amplio sector de la población –mayoritario de hecho– es favorable a todo lo que supone la generación de puestos de trabajo o el desarrollo de la zona (¿quién se opondría a esto?). Todo el mundo saldría a la calle enarbolando esta bandera para exigirlo. Sin embargo, este anhelo laboral se confunde, se pretende asimilar con trampa para que la población vea con buenos ojos la mina; cuando, paradójicamente, en el otro lado de la balanza, abundan las incertidumbres y temores sobre los impactos ambientales del proyecto, como el estudio de Dédalo no puede ocultar; incertidumbres y temores que se fundan, por pura lógica, en el desconocimiento acerca de lo que la mina representará. Según describía la consultora, las dudas sobre los residuos, la contaminación de acuíferos, la sismicidad, la afección a Yesa o el tráfico de los camiones es común en la ciudadanía. La contradicción, por tanto, salta a la vista: ¿cómo es posible que alguien, conociendo el proyecto y siendo favorable al mismo, albergue dudas sobre las consecuencias negativas que puede ocasionar? De ello se deduce que la información de la que disponen los ciudadanos en general se fundamenta más que nada en el rumores acerca de los beneficios –de por sí falsos con respecto al proyecto–; y que sobre los riesgos, en contrapartida, se cierne una espesa niebla de desconocimiento. ¿Cómo entonces –nos preguntamos nosotros– puede afirmarse sin rubor (e invocando el prestigio de las ciencias sociales) que alguien está involucrado en un proceso de información y participación pública si, de forma contrastable y objetiva, desconoce en profundidad los pros y contras del proyecto sobre el cual versa el proceso participativo?

Dando voz al movimiento de defensa ambiental, un representante de Ecologistas en Acción-Aragón cuestionó hasta la saciedad la pertinencia de denominar plan de participación a una mera encuesta de opinión, denunciando la impostura que ello implicaba, y puso de relieve que, dependiendo de un organismo externo la evaluación y autorización del proyecto, esa presunta participación tan cacareada por la consultora sirviese para sustentar ninguna decisión. Lo cual es tanto como disfrazar una encuesta con el fingido ropaje de la participación pública, sin ningún respaldo institucional que la avalase y, por añadidura, para ser utilizada con fines publicitarios.

Dédalo Projects definió su proceso como imparcial y objetivo pero supeditado a un proyecto supervisado y controlado por Geoalcali. Parece que no contaba con la supervisión y asesoramiento de las administraciones navarra y aragonesa. Este aspecto es relevante, cuando otra de las asistentes señalaba que los datos utilizados para la evaluación demográfica, social y económica de las Cinco Villas se realizaban con medias que incorporaban a todas las Cinco Villas, y no sólo a los pueblos afectados. Estos datos no se consiguen en la página web, pero están a plena disposición de cualquier ciudadano ante una llamada a la administración en Aragón.

En este sentido, la representatividad estadística será significativa, según la empresa, pero si se incorporan en el listado de pueblos afectados, los mismos que se utilizan para la definición económica y social de la zona, la participación pasaría de un 7% a un 1% (sólo Ejea ciudad, utilizada para el marco estadístico de la empresa, tiene 3 veces la población de los pueblos elegidos para la encuesta), y es que… ¿no son afectados los regantes que pueden ver salinizados sus acuíferos, las personas que dependen del canal de Bardenas, la eventual interacción con el embalse de Yesa o los transportes de camiones que llegarán a Sos, Castilliscar, pero también a Ejea, Tauste o Gallur? Y por el otro lado, ¿no lo es también Liédena que verá pasar 1000 camiones diarios por delante de su casco urbano?

El compromiso de Dédalo fue que el empleo de la mina sería de calidad, ante la pregunta pública de cómo sabían que la vida del minero era de calidad, porque todos sabemos que el salario es alto porque existen numerosos riesgos a la salud, la contestación sociológica fue que los trabajadores industriales cobran más que los pobres agricultores, y que por tanto el nivel de vida de los industriales, entre ellos los mineros, es obvio que es mejor que el del agricultor.

Todos podemos estar contentos, porque el plan como se definió ha funcionado, parece que con independencia de una población desinformada, sin perspectiva de información pública y conociendo lo que a golpe de talonario la empresa vende y publicita, tendremos un 85% de población desinformada que opina que la mina debe ser buena, siempre que no conlleve los riesgos obvios que supondrá. ¿Acaso el 15% contrario completamente a la mina, será el que está informado y que dedicó su pasado mes de agosto en leerse la documentación y preguntar sobre las dudas que tenía?

Queda también pendiente de responder algo que uno de los asistentes a la charla de Sangüesa apuntó, de si el futuro de la zona iba a estar supeditado a la exportación de potasas para desarrollo agrícola en todo el globocuando ese sistema no ha funcionado o no funciona en el contexto en el que nos encontramos. ¿No será crear la expectativa de nuestro territorio en un modelo, que como definido ahora, no funciona? Muchos queremos el resurgir de nuestro territorio, un desarrollo que no dependa de los intereses económicos externos. Ser independiente del precio de la bolsa de Sidney, sí será un proyecto sostenible pero no el de la mina, y que el problema demográfico y de envejecimiento de nuestra sociedad no tiene la solución en el mismo sistema que la ha llevado a donde está ahora.

La sospecha de la elección de los entrevistados “generadores de opinión”, (como los llama la empresa de forma alternante con el anglicismo de stakeholders), está fuertemente sesgada y así se hizo también patente en las charlas. Esto ocurrió al saberse que esa categoría de encuestados fue elegida de entre los ayuntamientos y asociaciones que han resultado beneficiados de las donaciones y subvenciones con las que la Fundación Geoalcali ha “regado” la zona. Hasta el punto de que sería más que legítimo sospechar o calificar esa estrategia como una auténtica “compra de voluntades” (sin mina, ya se ha dedicado en dotar a los peregrinos en Undués de la indispensable máquina de tabaco porque “que no se vaya ningún peregrino sin poder fumar” o de regar las fiestas patronales de los pueblos, porque no hay nada más ambientalmente saludable que subvencionar los buenos caldos de la tierra y el consumo responsable).

La plataforma a la que se la invitó a someterse a este tan insólito teatrillo, declinó entrar en semejante paripé publicitario del binomio Geoalcali-Dédalo / Dédalo-Geoalcali. Decidió, por lo tanto, no involucrarse en un plan de participación fraudulento que no satisface unos mínimos requisitos de objetividad, y denunciar públicamente que dicho plan dista mucho de ajustarse a lo que la sociedad demanda. La plataforma quiere un proceso coherente, que incluya debates y discusión, explicación y didáctica del proyecto, para que cada uno, entonces, tome su decisión informada, tal y como se apuntaba en la charla de Sangüesa del miércoles. Todos estamos abiertos a escuchar y a dejarnos convencer, pero negar por negar, y regalar bolsas de economato no van a esconder la devastación de nuestro territorio, la montaña de Sal de 47 metros, rodear el Camino de Santiago de líneas eléctricas y carreteras, o salinizar nuestras tierras y reducir el acceso al agua para nuestros cultivos, que aunque debilitados, siguen siendo el pan de cada día de muchos de nuestros conciudadanos.

Y ahora, venga quien quiera a decirles, que todo lo anterior, es un plan de participación que la empresa realiza voluntariamente, porque es así de altruista, y por recomendación de las instituciones. No es voluntario acatar la voz unánime de la ciudadanía a través de sus representantes políticos, y aquí, la empresa, podrá decir que no se le ha demandado oficialmente un plan de participación, pero nuestras administraciones bien pueden requerir que se hagan las cosas como considera que deben hacerse. Recordemos todos ahora las declaraciones del alcalde Navallas que publicitaba su conocimiento y apoyo del proyecto de participación, juzguen ustedes lo que se está haciendo y califiquen entonces las declaraciones.

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